...Cuando un demonio también se enamora...

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lunes, 25 de octubre de 2010

Dos días.

Lunes:

Lo odioso de tener que ir a un colegio, aunque supongo que es parte del autocastigo, es levantarse temprano.
Aunque no estoy ya seguro si ir al colegio era ya un castigo.
Poder mirar a Ammy me pruduce una sensación agridulce.
Eso de sentir felicidad por ver a la persona amada y a la vez ese amargo vacío que se te aferra al pecho porque la persona no te corresponde o simplemente no te pertenece.
Ah...
La primera clase me tocó con Jannet, quién hizo que me sentara a su lado y me lansó miraditas sugerentes toda la clase.
- Eres muy guapo, Damian. - me dijo en un rato que la profesora salió a buscar algunas cosas a dirección.
- ¿Ah, si? - Sorpredentemente, desde que conocí a Ammy, ninguna otra chica me produce...
Bueno, nada.
Absolutamente nada.
A pesar de que Jannet llevaba una mini que no dejaba nada a la imaginación y un top cortito que mostraba el pearcing de su ombligo.
- Sabes que es cierto. - sonrió con una mirada felina. - aunque me imagino que deben abertelo dicho cientos de veces.
- Pues, si me lo han dicho, pero, como se sabe, no hay que creer todo lo que digan de ti, ¿no?
- En este caso deberías, es totalmente cierto. Eres sexy.
Ya.
- Gracias, supongo...
- ¿Que hiciste este fin de semana?
Suspirar por Ammy.
- ¿Qué crees tu que hice? - le dije mientras me bajaba las gafas de sol y le lanzaba una mirada sugerente.
Jannet se río con esa típica risita tonta que tienen las chicas como ella y que juran que agrada a los chicos.
- Creo que deberíamos divertirnos juntos, Damian...
Justo en ese momento, llegó la profesora, salvandome de darle una respuesta.
Nunca valoré tanto una estúpida clase de física.
Fue a las 11 de la mañana cuando recordé que el día viernes había escuchado como Ammy le decía al profesor Masson que le habían adelantado la clase de lenguaje a mi curso.
Lo que quería decir que después del recreo estaría en clase con ella.
Controlate... No puedes sonreir de un momento a otro en plena clase.
Mi felicidad hubiese sido plena, si en el recreo antes de la clase de lenguaje no hubiese visto a Ammy con un chico.
La furia bulló en mi como nunca antes la había sentido. Me sentía como un toro rabioso, y el estúpido chico que estaba con Ammy era el paño rojo mas grande que había visto.
Iba a...
- ¿Damian?
- ¿Si? - le dije tranquilamente a la directora. No me había fijado que se había acercado a hablarme.
- ¿Como te fue en tu primera semana en el colegio?
- Bien. - le respondí sin mirarla siquiera. Estaba pendiente de cada movimiento que hacía Ammy junto a ese estúpido humano que, en cuestión de poco tiempo dejaría de existir.
Ammy es mía.
- ¿No has tenido problemas?
- No. - me di vuelta para dirigirle una rápida sonrisa y seguí mirando a Ammy. - Me gustan las clases y las personas de acá.
En realidad una sola persona de acá.
- Ah, que bien. - la voz de la directora sonaba irritada debido a mi falta de atención a pesar de parecer amable. - Cualquier cosa o si tienes algún problema me lo informas, Damian.
- Por supuesto directora. - asentí mientras, sin poder aguantarme más, me comenzaba a acercar hacia donde estaba Ammy.
Para mi suerte, estaban muy cerca de mi casillero por lo que podía fingir que iba a buscar algo para escuchar de que hablaban.
El chico era apenas un poco mas bajo que yo, rubio, de tes blanca y parecía un jugador de rugby.
- Entonces... ¿vendrás conmigo al baile?
Tenía que admitir, aunque me doliera mas que ha nada, que por mucha rabia que tubiera si Ammy prefería a los chicos así, yo no tenía ni la mas mínima oportunidad con ella.
- Pues...
- Por favor, Ammy... - el chico se le había acercado mucho, y yo lo hubiese golpeado si Ammy no se hubiese hcho dos pasos atrás en ese momento.
- Mira, Ray. Este viernes estaré muy ocupada, ¿sabes? Además, a mi no me gustan los bailes ni nada de eso.
- Si no quieres ir al baile, podríamos ir a ver una película, o algo así. Bueno, si tú quieres.
Ammy se quedó mirando al tal Ray con una sonrisa en su dulce rostro que me hice pensar que se avesinaba lo peor. Para mi.
Al instante mis temores se confirmaron.
- Está bien Ray, iré a ver una pelicula contigo. Hablamos a la hora de almuerso.
Ray le sonrió, estúpidamente, parecía un bebe sub-desarrollado con ese pelo rubio y esa cara de niñato tonto.
Fue cuando vi que se acercó a darle un beso a Ammy en la mejilla cuando cerré la puerta de mi casillero sonoramente y me di la vuelta para irme, antes de que matara a alguien.
- ¿Damian?
Sentí que Ammy me tomaba ligeramente del brazo. Me giré lentamente y la miré lo mas antipático que pude.
Estar entre el dolor y la ira no te hace muy sociable.
- ¿Qué?
- Eh... te ves tenso. - parecía preocupada.
Pero eso no quitaba que fuese a salir con el tal Ray.
- ¿Ah si? - estaba golpeando mi pie sonoramente en el piso como si estubiese impaciente por irme, y tenía cara de pocos amigos.
- Pués... - Ammy titubeo, a pesar de todo parecía que le afectaba que yo fuese así con ella. - si. ¿Qué te paso?
- ¿Y qué te hace pensar que si me pasara algo te lo contaría a ti? - le pregunté antes de darme la vuelta y marcharme rápidamente por el pasillo hacia la siguiente clase que tenía.
¡Diablos! Esto dolía. Era, casi, como haber vuelto al infierno.
La clase de lenguaje fue dolorosa.
Ammy estaba sentada detrás mío. No le hablaba, no me hablaba. Se sentía la tensión en el aire a mas no poder.
Lo único a lo que presté atención en la clase fue cuando tocaron el timbre para salir a almorsar.
Me paré rápidamente y salí sin siquiera mirar hacia atras ni una sola vez.
No me lo podía permitir.
Además, ver en el casino que Shean se sentaba con Ammy y reían de lo lindo solo sirvió para agregar otro nombre a mi lista de futuros asesinatos.
Sinceramente, estar enamorado es una mierda.
________________________________________________

Martes.

Estube tranquilo en las clases hasta que llegó la hora en la cual me tocaba arte.
Milagrosamente, Ammy había llegado a la hora ese día.
Bueno, casi. Pero aun así, segun lo que dijo la profesora, llegó mucho mas temprano que las otras veces.
Sin haberlo previsto, ese día Jannet se había sentado conmigo y estaba bastante cerca.
Y como noté que una que otra vez Ammy miraba en mi dirección tontié todo el rato con la chica que tenía a mi lado.
Aproveché de darle un poco de ánimo a mi orgullo, también erido, cuando Ammy fue a conseguir un borrador a la chica que se sentaba en el banco contiguo.
- Escuché decir que este viernes habrá un baile. - le comenté a Jannet mientras la miraba a los ojos.
Oí claramente como Ammy dejaba de respirar y se le caía el borrador de la mano.
- Oh, si. Es un baile de la secundaria que se hace todos los años. Es genial.
- Wow... - me mordí los labios y fingí estar nervioso. - Escucha, nena, se que medio colegio te lo habrá pedido ya, pero ¿te gustaría ir al baile conmigo?
Era algo netamente cobarde y cruel para Jannet el estar hutilizandola para sentirme mejor y disimular que estoy loco por Ammy pero, soy un demonio, hacer cosas buenas no está muy incluido en mi naturaleza que digamos.
- Sabes que la respuesta será si... a todo lo que me pidas Damian. - me respondió coquetamente.
- Entonces tenemos una cita. - le dije con una risita antes de darme la vuelta y mirar el dibujo que estaba haciendo.
Cuando Ammy pasó a mi lado me pegó por casulidad con su cuadernillo para dibujo.
- Ups. Lo siento, Pierotti, no te vi. - me dijo dulcemente Ammy, aunque sus ojos tenían un brillo asesino.
Enarqué una ceja y asentí como si no le hubiera dado importancia antes de seguir con mi dibujo.
Vi de reojo como la mano de Ammy se apretaba fuertemente alrededor del borrador que llebava antes de seguir avanzando rápidamente.
Bien.
Bueno, creo. Si lo hubiese visto desde afuera hubiese podido jurar que Ammy estaba...
Olvidalo, Pierotti, ella va a salir con Ray el viernes.
Agh... Como dolía estar así.
Nunca antes en mi existencia había querido ser un humano. Hasta ahora.
Fue en la clase de fotografía cuando al fin pude estar con Amy a solas.
A cada tutor con su alumno lo mandaron a un lugar distinto a sacar fotografías. A nosotros nos toco el espeso bosque que había a una cuadra del colegio.
Era algo... incomoda, la situación.
Ella no me hablaba y yo tampoco lo hacía. Ni siquiera la miraba.
- Ya basta.
Me di la vuelta para ver que Ammy se había cruzado de brasos y me miraba con cara de pocos amigos.
- ¿Podemos seguir? - le pregunté haciendome el aburrido.
- No. Es, es... una estupides estar así.
Mi única respuesta fue enarcar una ceja.
- No se qué diablos te pasa conmigo.
- No me pasa nada contigo. - le aclaré. Ademas de que estoy locamente enamorado de ti y muerto de celos, claro.
- ¿Entonces podrías dejar de poner esa cara de imbécil amargado cada vez que estás cerca mío?
- ¿Te molesta?
- Por supuesto que sí. Es... incomodo, tener que pasar horas con alguien como tú.
Wow. Eso me dejaba todo bastante claro.
Y dolía.
Si antes había estado serio, ahora estaba aún peor.
- Pues, mala suerte. - le dije mientras la miraba como si fuera una paria. - Soy así.
- ¿Siempre tienes que malinterpretar todo? - me preguntó como si me leyera el pensamiento mientras suspiraba pesadamente. - me refiero a que a veces eres amable, y otras veces me tratas como si no me soportaras. Y nose, bueno, es incomodo tener que aguantar tus fugaces cambios de humor. No te he hecho nada.
Punto para Ammy.
- Mmm...
- Escucha, Damian. Si no te agrado, lo entiendo perfectamente. Pero, ¿podrías por lo menos ser un poco mas amable, aunque solo sea en la clase de fotografía?
- Bueno... No es mucho, la verdad. - le dije con una leve sonrisa.
Tenía que aprender a fingir mis celos. Y a no ser tan impulsivo.
- Entonces...
- Ya, me convenciste. Seré tu principe azul mientras esté como tu tutor en esta clase. - le respondí a medio broma y medio cierto antes de darme la vuelta y seguir avanzando.
No podía admitir que yo quiero de verdad ser una especie de principe azul para ella.
Sin embargo, la distancia no evitó que escuchara como Ammy murmuró bajito:
- Quizá podrías intentar serlo todo el tiempo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Perdón

Fin de semana.
Dos días sin poder ver a Ammy. Sumandole las horas que pasaron desde que se despidió de mi el viernes y lasque pasarían en la madrugada hasta que fuera al colegio.
Nunca pensé que alguna vez querría ir un colegio para humanos y que sería feliz con eso. Aunque sin embargo había acertado al ponerme el castigo de ir justo a este lugar para pagar por mis pecados. No hay mayor dolor que el de un amor no correspondido.
Me consolaba pasando el tiempo viendo a Kelba adaptandose a su nueve hogar y la separación de sus hermanos, ya que después del primer día, tube que admitir a regañadientes que me termine encariñando con la perra.
Y fue el domingo en la mañana, cuando salí a comprarle comida a mi mascota antes de que cerraran todos los negocios, cuando me encontré con Ammy.
Iba con unos pantoles cortos que resaltaban sus lindas piernas, sandalias, y un chaleco que era unas tres o cuatro tallas mas grandes que ella.
Si a eso le sumabamos que llevaba el cabello recogido en una coleta de la cual escapaban algunos mechones, se veía adorable.
Y yo, como siempre, me la estaba comiendo con los ojos.
Miré avergonzado mis pantalones de chandal y la camiseta sin mangas que se me pegaba al cuerpo por la transpiración, ya que había pasado toda la mañana corriendo para intentar sacarme a Ammy de la cabeza.
- Hola, Damian. - se había acercado mientras yo me miraba las zapatillas con el ceño fruncido.
- Ah, hola Ammy. - mi voz sonaba seria, como siempre. Ammy chasqueó la lengua al escuchar mi tono de voz.
- Ya estás gruñón otra vez... - murmuró muy bajito. Sin embargo yo era el único que la podía haber escuchado. Y lo hice. - ¿Cómo está Kelba?
Ni un, "¿Cómo estás Damian?" No, a ella no le interesaba eso. Pero quería saber como estaba mi perra.
"Y con lo patán que eres por qué va a querer saber cómo estás tú, imbécil". La vocesita en mi cabeza ya estaba haciendo sus comentarios odiosos. Otra vez.
Y lo peor era que tenía razón.
- Bien. Ahora vine a comprarle comida.
- ¿Ya se te acabó la que te di de lo que compré? - me preguntó con los ojos como platos.
¡Mierda! Ahora tendría que explicar que había pasado con los kilos de comida para perro que me había dado Ammy cuando me entrego a la chucha de mirada triste.
- Eh... Si algo así.
- ¿Cómo que algo así?
- ¿Siempre tienes que ser tan jodidamente intrusa? - la ataqué porque no quería explicar qué había hecho con la comida que me había entregado para Kelba, pero al ver el dolor que asomó en sus ojitos tricolor, y que no pudo disimular a tiempo mientraba hacia abajo, solo logré hacerle daño a ella y a mi aún más.
Ammy se dio la vuelta y se alejó de mi a paso rápido mientras cruzaba la puerta del negocio para salir a la calle.
No me paré a pensar en lo que hacía y la seguí, dejando mi cesta con las compras en el suelo cerca de las naranjas.
- Hey, Ammy. - le grrité mientras, una vez en la calle, corría tras ella. Pero Ammy no se detubo hasta que la alcansé y le tomé el brazo. - Oye...
- Sueltame. - me dijo mirando hacia el piso. Su voz sonaba un poco estrangulada.
¿No la habría hecho...?
- Hey, - mi voz sonó verdaderamente suave, como siempre quiero que sea con ella y no me lo permito. Le levanté la barbilla con un dedo y vi sus ojitos conteniendo las lágrimas. Me odié por ello. - Sh... Ven aquí. - le susurré mientras la acercaba a mis brazos. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que la había perseguido hasta llegar a un pequeño parque.
- No. - me dijo apretando los labios sin embargo, y a pesar de que me dolió su negación, la seguí acercando a mi.
- ¿Y tu crees que yo te estaba preguntando? - me reí amargamente mientras al fin la abrazaba.
Y me sentí... ¡Wow! Me sentí de una y mil formas.
Ansioso, feliz, nervioso...
Y fue cuando Ammy se relajo en mis brazos y me rodeó el torzo con sus pequeños brasitos cuando caí en la cuenta de por qué soy tan osco con ella.
En toda mi vida, y 6000 años creo que son bastante, he conquistado para llevarme a la cama a cuanta mujer he deseado.
Pero con Ammy es todo distinto. No se puede comparar ni por asomo el simpre deseo o el aburrimiento con amor verdadero.
Aunque si me esforzara bastante quizá también podría lograr conquistar a Ammy. Y por eso mismo hago todo lo contrario.
Supongo que es mi forma de defenderla inconcientemente de algo como yo, a pesar de que mi ser entero grite a los cuatro vientos: "¡Oye, mírame! ¿Por qué no te enamoras de mi, y sientes una milésima de lo que yo siento por ti?"
Mis pensamientos se cortaron de un golpe al sentir que Ammy frotaba su nariz en mi pecho, o bueno, lo que alcansaba de él.
- Estás mojado entero. - me dijo con la voz amortiguada por mi pecho. - pero a pesar de todo hueles bien.
- Eh, ¿si? - Fue lo mas brillante que mi cerebro acertó a decir.
- Si. Eres el primer chico que conosco que posbilemente haya estado haciendo ejercicio un buen rato para estar asi de transpirado y que aun asi huele bien.
- Estube corriendo, desde las seis. - le dije mientras me relajaba entre los brazos de Ammy y le hacía cariño suavemente en la cabeza. Al parecer, Ammy sintió el momento exacto en el que me relajé porque sus brasitos se apretaron fuertemente a mi alrededor. Suspiré mientras sentía que el corazón me latía cada vez mas deprisa por la cercanía de Ammy. - Pero estoy acostumbrado a... Un momento. ¿A cuantos chicos tienes la costumbre de olorosar después de que hacen ejercicio? ¿Y qué tipo de ejercicio?
Ya. Se me salieron las palabras de mi boca antes de que supiera acaso que estaba diciendo. Cuando lo entendí, me arrepentí al instante porque era una clara muestra de celos.
Oh si, unos celos que me estaban carcomiendo por dentro en una infinidad de posibilidades que se pasaban por mi cabeza a una velocidad enorme por segundo.
Sentí la suave risa de Ammy hacer vibrar mi pecho.
- Oh, bueno, tu eres el primero.
Menos mal que Ammy tenía su cabeza undida en mi pecho, porque la sonrisa de insana felicidad que tenía en mis labios debido a sus palabras era mucho mas reveladora que mil palabras de amor.
- Ah. - Otra vez mi cerebro se negó a cooperar mas. - Oye...
- ¿Si?
- Lo siento por como te traté en el super mercado, ¿ok?
- Está bien... Si no es tan importante como para que haya reaccionado así. - me contestó mientras suspiraba y se alejaba de mi. Sentí frío en cada milimetro de piel que había estado cerca de Ammy y que ahora quedaba expuesto otra vez al aire. - Pero se me juntaron muchas cosas y creo que use cualquier escusa para desahogarme.
- ¿Que cosas?
- Pues... - el semblante de Ammy se frunció un poco. - muchas cosas. Pero preferiría no hablar de eso.
- Claro. Lo comprendo. - le dije aunque me hubiese gustado que ella confiara en mi, pero sabía que debía ganarme su confianza. Al ver que sus ojos se cubrían de tristeza al volver a pensar en sus problemas le subí la comisura del labio con el pulgar para que sonriera y agregué serio - si te digo a donde fue a parar la comida que me habías dado para Kelba prometeme que nunca se lo diras a nadie.
- Prometido. - me dijo con esa sonrisa suya que me aturde.
- Bien... El miercoles, después del colegio, andaba cerca del campo, en moto. Y me encontré con "el tipo".
- Ya...
- "El tipo" tenía un chucho pulguiento. Bastante viejo. Bueno, "el tipo" también era bastante mayor...
- Ok. Ambos viejos. Pobrecitos.
- Y bueno, la cosa es que "el tipo" iba a botar a "Garrapata"...
- ¿"Garrapata"?
- El perro viejo. - le aclaré. - "el tipo" lo iba a tirar a la calle porque los dos parecen un par de sacos de huesos con canas, ya que son bastante pobres. Así que le dije que no lo botara, después de preguntarle si tenía mas compañía. Obiamente "el tipo" esta solo y abandonado como el jodido brocoli en el plato de un niño. Entonces nos pusimos a hablar, de la vida, y de cosas de hombres. Le pedí que no botara a "Garrapata" y que me esperara. Volví a mi casa, tome la comida que me habías dado y varias otras cosas que tenía y volví a casa de "el tipo".
- Oh, Damian...
- Se las entregué, con una buena cantidad de dinero porque bueno... nose, suopongo, que, éste, yo... me dieron pena el par de viejos. Además "Garrapata" es tan feo como tu chucho, solo que el pulguiento de "el tipo" me adora y tu perro no me soporta.
En todo el rato que había hablado había estado mirando a otro lado porque me daba vergüenza admitir lo que había hecho.
¡Diablos! Soy un demonio, aunque desde que tengo memoria siempre he hecho cosas así, la tortura era larga y fuerte cada vez que mi padre o alguno de sus secuases que no dudaban en hablar me sorprendían haciendo este tipo de cosas.
Cuando al fin miré a Ammy, vi que una sonrisa de esas para-corazones estaba en su rostro, por lo que me puse nervioso.
- Fue muy tierno lo que hiciste, Damian.
- Hey! Que yo no soy tierno...
La risa de Ammy fue fuerte.
- Ya. Tu secreto estará a salvo conmigo. Y está bien, no eres tierno, eres rudo.
- Sabes perfectamente que puedo serlo, Ammy, y bastante. No soy como los otros niñitos que conoces. Soy distinto - fue lo mas cercano a una advertencia que pude hacerle.
- Oh, claro. - me dijo. De repente sus ojos se habían vuelto serios a la vez que sus mejillas se teñían de un leve rosa. - En eso estamos de acuerdo, Damian. Por lo menos para mi, eres muy distinto a los demás chicos.
Y después de decirme eso, se fue.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Admiración

No me atreví a preguntarle a Ammy a qué se debía mi foto. Sin embargo sentí una cálida opresión en el pecho que me duró todo el día.
Ammy volvió con un saco gigante de comida que traía servicialmente un chico con una sonrisa tan tonta en la cara que me dieron ganas de molerlo a golpes.
- Suelta eso. Yo lo llevo. - le dije al chico despectivamente y con un patente enojo en mi voz.
Ammy movió la cabeza negativamente, entre exsasperada y... desilucionada.
Eso me dolió.
¿Qué acaso no podía hacer las cosas bien?
- ¿Era necesario que fueras tan malditamente grosero? - me preguntó después de que viéramos como el chico me pasaba el saco y se iba prácticamente corriendo.
- Soy así. - le dije aun molesto por los celos que había sentido antes.
- Solo con quienes no te agradamos. - murmuró bajito, sin embargo yo la escuché claramente.
Fruncí el seño mientras veía como Ammy se agachaba a recoger a los perritos del pasto. El chucho feo al que no le agrado fue inmediatamente a reclamar su atención.
- Al parecer tu perrito me quiere. - se río Ammy.
"Si, y yo te amo"
- ¡Eh! te dije que yo no me voy a quedar con eso.
- Damian... - su voz sonaba molesta.
- Ya. Mira. - Sedería solo a medias. A ese chucho ni yo lo quería ni él me quería a mi. - No me quedaré con ese perro porque no le simpatizo ni me simpatiza, pero puedo quedarme con la perra, si tanto insistes de que me quede con uno.
Y recibí mi recompensa por eso. La sonrisa de Ammy fue tan dulce y radiante que borro cualquier atisbo de maldad que había en mi, a pesar de ser un demonio.
¡Diablos! Hasta querría a la cosa con pulgas si Ammy también le tiene cariño.
- Gracias. - me dijo con sus ojitos brillantes mirándome fijamente. - ¿Cómo piensas ponerle?
- Mmmm... Kelba.
- ¿Qué significa?
- Perra, pero en maltés.
Ammy se río suavemente.
- Suena bien. Hasta puede pasar como nombre.
La comisura de mis labios se alzaron a pesar de que estaba intentando ser serio.
- Lo se.




Después de eso, yo me llevé a Kelba, Ammy se quedó con el pulgoso y el otro perro se lo regalo a una chica de primero una vez que llegamos al colegio.
Y desde hay... no tengo muy claro lo que pasó.
Simplemente... una vez que dejé de ver a Ammy no me importó lo que hice el resto de la tarde.
Al día siguiente, solo vi a Ammy pasar por el pasillo. Iba mirando al piso, por lo que no vio que yo me paré en mitad del pasillo atestado de alumnos solo porque la había visto y sentí que mi corazón casi se sale de mi pecho.
Y bueno, es mejor que no me haya visto. En ese momento yo tenía el corazón en los ojos, por así decirlo.
Los días comenzaron a pasar y me sentí mal por el hecho de que no me tocaran mas clases con ella...
Hasta hoy.
Viernes. Ultima hora.
Sentía tal desesperación por verla que creo que ni siquiera sabría disimular bien y se pesado con ella, como lo soy normalmente.
Estaba sentado, con el seño fruncido mirando hacia la ventana cuando un suave golpe sonó en la puerta.
Era la clase de Historia de último año.
El profesor, que estaba concentrado haciendo unas anotaciones al libro de clases mientras los demás terminaban el gigantesco cuestionario que nos había dado al inicio de la clase, solo dijo un leve: "Pase", sin siquiera mirar hacia la puerta mientras seguía trabajando.
Al instante, la puerta se fue abriendo suavemente, dando paso a la chica de mis sueños.
Ni siquiera me vio.
O por lo menos no lo hizo hasta que se dio cuenta de que yo estaba sentado en el único banco desocupado.
Vi como Ammy me dirigía una leve sonrisa hacia al lado a modo de saludo y se iba hacia donde un chico que estaba sentado detrás mío.
Casi empiezo a hiper ventilar hay mismo.
- ¿Jhonny? - le dijo Ammy al chico.
- ¿Que pasa Ammy?
- Escuche que Blanca quiere que la invites al baile.
- ¿De veras? - el chico parecía muerto de la emoción. Ambos estaban hablando muy bajito.
- Sip. Eh, por qué no vas a sentarte hoy con ella. Si te pregunta algo le dices que yo te lo pedí porque necesito hacer el trabajo rápidamente, y empezaré a hablar hasta por los codos si me siento con ella.
- Ya... Ammy tú nunca hablas mucho.
- Ah... - ¿eso que se escuchaba en su voz era vergüenza? Noté que Ammy me había mirado de reojo. - Pues no lo sé, si quieres se directo, yo solo estaba intentando ayudarte.
- Jajaja, por supuesto Ammy, gracias por el dato.
- No hay de qué. Ahora ve rápido, que Blanca me está mirando con cara de asesina en serie.
Y eso era cierto. La chica, Blanca, se notaba a leguas que estaba interesada por este Jhonny.
Jhonny se paró rápidamente de su banco, tomó sus cosas, y se fue tranquilamente como quién no quiere la cosa hacia donde estaba Blanca, quien al instante estaba sacando sus cosas de la banca de al lado para que el chico se sentara.
Ammy, por su lado, ya se había sentado en el banco de Jhonny, y estaba mirando curiosa a la pareja, y cuando el chico se agachó a recoger algo, Blanca miró a Ammy y le dijo "Gracias" moviendo los labios.
Genial. Mi Ammy casamentera.
Y estábamos sentados a la misma distancia que para la clase de arte, solo que esta vez era Ammy la que estaba sentada atras y yo adelante de ella.
Seguí escribiendo un par de respuestas en el cuestionario y volví a mirar hacia la ventana con aire pensativo.
Era una charada claro, estaba mas que emocionado por poder volver a ver a Ammy, y el reflejo de la ventana me permitía poder mirarla a mi antojo.
- Ps... Ps... ¡Ps! Oye, grandulón. - me dijo Ammy mientras me golpeaba levemente la espalda.
Me di la vuelta, divertido por el echo de que me dijiera grandulón.
- Disculpa. - le dije risueño. - pero de esta altura no te escuchaba.
La mirada que Ammy me echo fue fulminante.
- Ya. Que gracioso Damian. ¿Me prestas el cuestionario?
Sentí algo extraño cuando Ammy dijo mi nombre.
- No tengo todas las respuestas.
- No quiero tus respuestas. Quiero las preguntas. - Ammy estaba hablando muy bajito, al igual que todos en esta clase. - He faltado a las últimas dos clases del profesor porque estaba haciendo las pruebas para cerrar lenguaje de 3º. Y ahora además llegué atrasada asi que no querrá pasarme las preguntas.
- Ah... - tomé mi hoja de preguntas y se la pasé a Ammy. - Tenla.
- Gracias. - Bien valía que me faltara completar la mitad del cuestionario por ver esa sonrisa solo para mi.
- Claro. No hay de que. - Estaba serio, lo se, es mi única forma de disimular que estoy locamente enamorado de Ammy, pero por lo menos estaba siendo amable.
Me di la vuelta y vi por el reflejo de la ventana como Ammy se quedaba mirándome unos segundos antes de ponerse a escribir y trabajar de una forma extremadamente rápida.
Me hubiese encantado sacarle una fotografía así, con su semblante levemente fruncido por la concentración. Se veía adorable.
Prendí disimuladamente mi Ipod, me puse los audifonos y comencé a escuchar música, sin embargo, a la media hora, sentí un golpesito en mi espalda. Otra vez.
- ¿Qué pasa? - le susurré mientras me daba la vuelta completamente, para poder de forma disimulada quedar un poco mas cerca de ella.
- Eh... toma. Gracias por prestármelo.
- ¿Ya terminaste? - era increíble.
- Tengo que completar un poco algunas respuestas, pero si, ya terminé.
- Eres increíble... - No pude evitar decirlo. Y aunque susurré muy bajo, aun así ella me escucho porque sus mejillas se tiñeron de un intenso rosa que la hizo ver mas linda aun, si es que eso es posible.
- Mejor date vuelta, que aunque el profesor no diga nada se da cuenta de todo y pone anotaciones.
- ¿Temiendo por mi seguridad académica, Ammy? - le pregunté aparentemente serio aunque ella se había dado cuenta por el tono de mi voz que le estaba tomando el pelo.
Es tan lista.
- En realidad, temo por la mía, asi que no seas burro y date vuelta. - me respondió aguantándose la risa.
Le sonreí levemente y me di la vuelta para seguir completando el cuestionario. Quedaban 15 minutos para que tocaran el timbre.
Ammy escribió unos cinco minutos más y al rato la vi pasar por el pasillo que quedaba entre ésta y la otra fila de bancos.
Camina muy sexy, la verdad.
Me irritó el solo echo de pensar que alguien mas se haya dado cuenta de eso.
- Tomé, Sr. Craven. aqui están todas las respuestas del cuestionario, y la tarea que dio la clase pasada.
El profesor, un hombre bastante serio y de lentes, con ese aire intelectual que mas tienen los profesores aplicados de las universidades que de los colegios, la miró a los ojos mientras sus labios se curvaban levemente en un amago de sonrisa.
- Siempre responsable, ¿o no, Srta. Calhoun?
- Si, me gusta cumplir con las cosas como corresponde. - le dijo Ammy dulcemente. Su tono de voz era capas de derretir hasta un iceberg. Y por supuesto, tuvo un efecto apaciguador en el profesor.
- El Sr. Mason me contó que estubiste haciendo las pruebas para pasar a lenguaje y filosofía de 4º. Y por lo que sé te fue muy bien.
- No se si me haya ido muy bien, profesor, pero eso espero. Tuve que dar las dos pruebas de lenguaje en el horario de sus dos clases pasadas porque era el único momento que el Sr. Mason tenía disponible, y las de filosofía me tocaron en un rato que tenía libre así que con esa no hubo problema.
- No te preocupes Ammy, eres una alumna con mucho potencial. Las pruebas que te hice yo hace dos meses eran increiblemente difíciles y las pasaste con sobresaliente. Asi como vas quizá en dos semanas mas te de algunos trabajos con la materia que viene mas adelante para poder empezar a adelantarte y puedas cerrar historia también.
La cara de Ammy se iluminó de felicidad y el profesor sonrió abiertamente.
- Eso sería fantástico, Sr. Craven.
- Si, me imaginé que te agradaría la idea. Y ahora ve a buscar tus cosas y vete antes de que algún alumno curioso venga a ver de que hablamos tanto.
Ammy le dirigió una última sonrisa y vino al banco a buscar su mochila.
Cuando pasó por al lado mío me susurró:
- Dale cariños a Kelba. y da vuelta la hoja.
En cuanto salió de la sala, la curiosidad me ganó y di vuelta la hoja del cuestionario.
En esta, decía:
"Gracias por la ayuda, nunca esta de mas devolver la mano, ¿no?"
Abajo, estaban anotados los números de las ultimas 30 preguntas con las pag. del libro en donde salían las respuestas.
¿A quién no se le derrite el corazón con una chica así?

Disculpas.

Ultima Publicación: 31 de Mayo.-
Hoy: 23 de Septiembre!
D= D= D= D= D= D=!!!!

Lo siento, de verdad que lo siento T.T pero ... han Pasados tantas Cosas...
Solo espero que si todavía quieren pasarse por aca, mi blog siempre estará disponible para ustedes (: gracias por esa Paciencia infinita que me han tenido *-*, y por pasarse por Aquí =)

lunes, 31 de mayo de 2010

Fotos y ... perros.

Ammy era de verdad, muy buena en lo que es fotografía.
Le faltaba pulirse un poco, claro. Pero tenía talento.
Después de la presentación que nos había hecho el profesor Jones, nos habían sacado a un parque para fotografiar lo que nos gustara del lugar.
Naturalmente, todos se pusieron a fotografiar los arboles, el sol, la gente.
Menos Ammy, claro.
Allí por donde todos pasaban, Ammy veía y encontraba cosas que desde su cámara adquirían belleza.
Un grupo de hormigas formando una media luna, la expresión de un niñito jugando al sube y baja, el contraste que logro capturar a nivel general entre la ciudad y el parque...
Estaba tan ensimismado pensando en eso y en lo bonita que se veían las curvas de Ammy cuando se agachaba, que de repente me di cuenta de que se iba alejando de mi.
¡NO!
- ¿A donde crees que vas?- le pregunté osco. y verdaderamente molesto - No puedes irte así sin mas.
- Solo iba a fotografiar un poco de ese callejón. - me susurró un tanto asustada. ¡Mierda! Si, si. Ya la estoy cagando. Otra vez - Yo.. Lo siento. Es que se me había olvidado que tengo tutor ahora como el resto y...
No podía verla tan angustiada. Eso me mataba.
- No importa. - me deje ser todo lo bueno que quería con ella, que abrió los ojos desmesuradamente al notar el cambio en mi. - Tan solo... me avisas, si?
Pensé que te perdía, por eso reaacione así
- Cla..claro. - tartamudeo con las mejillas teñidas de rubor. Se veía tan tierna...
Volví a sentir ese mismo cosquilleo en el pecho que había sentido cuando tube que casi rodearla con mis brazos. Me reproché mentalmente y me di la vuelta para estudiar el lugar.
El parque era bonito, sobre todo porque los árboles gigantes y la luz de la tarde de otoño le daban al lugar un aire... romántico.
Agh... Un día de conocer a Ammy y ya estás cambiando
- ¿Damian? - sentí que la voz de Ammy me llamaba después de un rato. Me di vuelta rápidamente y me dirigí hacia el callejón donde estaba. - ¡Damian! - está vez me gritó al ver qu todabía no llegaba por lo que me apresuré.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Te hiciste daño? - Sonaba como un imbécil, lo se. Sobre todo después de haber sido tan pesado con ella hoy en la mañana. Pero mi Ammy va por ensima de todo.
Sin decirme ni una sola palabra se acercó con los ojos brillantes y me tomó de una mano, por lo que casi comienzo a hiperventilar, y me guío hacia un rincón del oscuro callejón.
No podía ser que ella... Ni siquiera Jannet había sido tan... directa.
- Mira. - me dijo mientras me señalaba con la otra mano unos bultos que habían en el piso. - No son hermosos.
-¿A...Ammy? - ¡¿tartamudee?! ¡Mierda! Volví a adquirir rápidamente mi tono frío y pesado. - ¿que diablos se supone que estoy mirando, Calhoun?
Note como en la osuridad del callejón Ammy hacía un gesto de dolor por mi tono antes de agacharse y tomar uno de los bultos.
- Perritos. - me señaló sin más.
¡Genial! Yo pensando en... otras cosas. Y ella quería mostrarme unos cachorros.
Una voz en mi cabeza que jamás había escuchado me llamó hasta pervertido.
Definitivamente... estoy mal.
Me acerqué un poco más para mirar al perrito que Ammy sostenía en brazos.
Se supone que todos los cachorros son bonitos ¿no?
Pues este era la cosa mas fea que había visto en mi vida.
- Eh...
- ¿A que no en la cosa mas linda que hayas visto? - me preguntó Ammy con los ojitos brillantes.
- Por supuesto... - le respondí seguro. Yo definitivamente no estaba mirando al chucho ese. Me estaba perdiendo en esos ojos tricolor de los que me enamore al instante de verlos. Entonces caí en la cuenta de lo que había dicho y de que ella pensaba que hablaba del perro. - que es la cosa mas fea que he visto. - ahora me refería al bicho ese, claro, no a ella.
- Bien. - me dijo Ammy sin inmutarse. - Entonces este se queda contigo.
¡¿Qué?! Yo no puedo tener un ánimal...
- Oye, oye, oye. Espera. - Volví a mi tono frío y despectivo. - Yo no pienso quedarme con ese saco de pulgas. Te dije que ni siquiera me gusta.
- ¿Tan superficial eres? - me preguntó. Su mirada ya no era dulce y tampoco esperó a que le respondiera. Simplemente se agachó y, como pudo, tomo en brazos a los otros dos perritos que estaban avandonados allí y salió del callejón.
Ahora si que estás en problemas, imbécil. me dijo esa nueva voz en mi cabeza que se me estaba haciendo bastante odiosa.
Di unas cuantas zancadas y la alcansé para caminar a su lado.
- No soy superficial. - no me respondió. - es solo que...
- No necesito que te justifiques. Tu acctitud ya habla por ti sin que la ayudes.
- Ammy...
- Dejame, si? - se giró y me miró a los ojos. Se veía molesta. - Si tu fueras feo, o malo, o tuvieras algo de lo que avergonzarte... ¿te gustaría que te trataran así?
Pensé en lo poca cosa que me sentí al verla en la mañana por el hecho de ser demonio y me sentí mal.
Claro que no me gustaría que me trataran así. Menos ella.
- Bueno, yo...
- Todos merecen a alguien que lo quiera por quienes son. La gente que critica solo demuestra que es mucho mas insegura que el resto.
Woow! Eso fue lindo. Pero con lo poco que la conocía, no me esperaba menos de ella. Es buena.
- Me estás tratando de inseguro? - fui pesado, lo sé. Pero lo que me había dicho me había dejado mal. - Y quien te crees tu que eres? - aparte de la razón de mi existencia, claro. pero eso no lo sabes.
- La verdad es que no estoy muy segura de qué soy. - su semblante había vuelto a ser tranquilo. - Pero si no me vas a ayudar entonces dejame tranquila.
Eso me dolió.
- Deberías estar fotografiando. Por algo soy tu tutor en esta clase.
Se acercó a un banco, dejo a los perritos ahí, que al instante se pusieron a llorar, extrañandola a pesar de que nunca habían estado antes con ella, y tomó la cámara.
Dió una vuelta al rededor del banco, capturando la atención de los cachorros y la mía por completo y entonces fotografió a los chuchos que la miraban con amor.
Me imagino que ya que ella no me estaba mirando yo debía de tener la misma cara que ellos.
- Listo. - dijo mientras me entregaba la cámara sin ni siquiera mirarme, por lo que no vio que yo todabía la mirraba con el corazón en los ojos. - Hay están las cinco fotos. Ya cumplí.
- Solo sacaste cuatro.
- En realidad he sacado... seis. - se puso a tomar en brazos otra ves a los chuchos y noté que tenía las mejillas coloradas. - No te diste cuenta.
- Eso parece... - murmuré aparentemente desinteresado aunque mi mente ardía por la curiosidad.
- Ya que terminé, iré a ver si le consigo algo de comer a los perritos. - me dijo mientras se comenzaba a alejar.
- Si quieres... - no me detuve a pensar. - puedes dejar a los pulguientos conmigo un rato. No te dejarán entrar a ningún negocio con ellos en brazos.
- ¿De veras te quedarías con ellos un ratito? - me preguntó con una sonrisa que casí me aturde.
Esto no estaba bien... ¿Que cosa mala había hecho ella para merecer que algo como yo se enamorara así? No es de extrañar, claro, cualquiera se enamoraría de Ammy apenas la viera... Pero no le convenía en nada que yo la hubiese visto.
Yo no la dejaría nunca. Aunque me lo pidiera. No podría.
- Si, bueno... así te deshaces de los perros más rápido. - le repliqué serio mientras me sentaba debajo de un árbol.
Ammy se acercó sonriendo, dejo a los cachorros en el suelo y después se sacó su abrigo.
Y casi me puse a babear hay mismo al verla con su pequeña camiseta verde de tirantes que dejaban a la vista una buena parte de su cuerpesito.
No tiene derecho a ser tan perfecta... Me estaba matando y ni siquiera se da cuenta.
Se agachó, sin percatarse de que yo me la estaba comiendo con los ojos, y acomodó a los chuchos en su abrigo antes de hacerles cariño un rato.
Sentí una envidia insana por los perros.
- Cuidalos. - me dijo dulcemente mientras se ponía de pie. - Confío en ti.
Y sin mas, se marchó rápidamente hacia un negocio que había cerca.
Confío en ti.
¿Sabría ella acaso lo que esas simples palabras habían producido en mi?
No me detube a pensar y, mientras se alejaba, tomé rápidamente la cámara y le saqué un foto.
La luz de la tarde hacía que ella brillara como si tubiera un halo al rededor.
Algo así como el brillo que ponen en las imágenes de los santos.
Ok. Esto no estaba bien.
Primero Dios. Ahora los santos. Las dos palabras en el mismo día. Si mi padre se enterara me mataría.
Y no lo digo como cualquier típico adolescente. Tengo seis mil años. Conosco a mi padre lo suficiente como para saber que el principe de los demonios disfruta torturando y matando. Sobre todo, la pasaría de lujo haciendo eso con el hijo que se desvió del camino.
Comencé a cambiar las fotos para aprovechar de hacer algo mientras la esperaba.
Tenía curiosidad por las dos fotos de las que no me había dado cuenta que ella había tomado.
Pero antes de poder hacer algo, los lloriqueos de los chuchos se comenzaron a hacer mas fuertes.
- ¡Eh! - les dije para llamar su atención. Al instante, tres pares de ojos tristes me estaban mirando. Eran... feos. Sobre todo el que Ammy me había mostrado en el callejón, que me miraba con desconfianza y miedo. - No llorén. - les ordené seguro de mi mismo.
Los dos cachorros no-tan-feos siguieron lloriqueando como si nada, sin embargo, el feo-feo, se paró como pudo y se puso por delante de sus hermanos, defendiendolos y mirándome con desconfianza.
¡¿Que mierda le pasaba al perro?!
Los miré un rato, pero luego me acordé de lo que iba a hacer así que dirigí mi vista a la cámara.
Las tres primeras fotos había visto cuando las había hecho, pero desde la cámara adquirían un toque... tan real y tan... sentimental. No podías ignorar las fotos.
Ni lo que pasaba en ellas.
Pase a la cuarta foto, que no había visto. Ammy la había tomado en el callejón y era mas oscura, pero se notaba claramente que en un basurero estaba tirado un globo-corazón al cual le faltaba aire.
Un corazón "roto" en un basurero. Imagenes como esas generalmente son montadas. Pero Ammy había ido a un callejón y la había visto.
Sonreí al ver el talento de que tiene Ammy, pero la sonrisa se me congelo en el rostro cuando vi la quinta foto, probablemente la razón por la cual ella se había avergonzado un poco antes.
Sentí ansiedad y un estrujonazo en el pecho. No sabía lo que significaba esto, pero, algo significaba.
El de la foto era yo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Sorpresas.

La clase terminó rápido, sin ningún problema.
Me marché inmadiatamente. No quería... bueno, si quería, pero me dolía seguir mirando a Ammy. Esto de primera vez sintiendo amor (que fue un flechazo total y al parecer solo de mi parte) me hacía sentir... extraño.
Antes de poder salir de la sala se me acerco una chica rubia, de esas altas (aunque mas baja que yo, claro), con el cuerpo tonificado, la piel bronceada artificialmente y que siempre están mascando chicle rosa.
La típica a la que todos en el colegio le dicen perra y la clase de chica con la que tiendo a ligar fácilmente.
Y era la misma chica a la que Ammy había mirado frunciendo el seño y luego se había reído por como me miraba.
- Hola, Damian ¿cierto? - me dijo con la voz ligeramente ronca. De esas que generalmente te hacen pensar en noches ardientes y sábanas de seda.
Solo que conmigo no funcionó.
- Ese es mi nombre. - le respondí sin embargo con una sonrisa traviesa. No podía comportarme mal humorado porque Ammy no me había mirado. - ¿Y tú eres...?
- Jannet. Pero por ser tu dime solo Jan. - habló mientras se ponía una mano en la cintura y me guiñaba un ojo. - Es una suerte que hayas llegado aquí cariño.
- ¿Ah si?
- Por supuesto. Creeme que aquí no te vas a aburrír. - agregó mientras me lanzaba una mirada bastaaaaaaante sugerente.
Wow. Esto si que estaba siendo rápido.
En ese momento ambos vimos como Ammy pasaba por el lado de nosotros para salir de la sala ya que estábamos en la puerta.
Iba cargada con sus materiales y prácticamente ni se le veía su lindo rostro.
- Eh, Ammy. - le dijo Jannet para mi sorpresa. ¡¿Ellas dos hablaban?! - Espera un segundo. - se giró y llamó a un chico que había un poco más allá. Cuando esté se acercó le dijo: - Shean, ¿puedes ayudar a Ammy a llevar las cosas?
- No es necesario... - comenzó a decirles Ammy, que no se había dado cuenta de la inmensa sonrisa de Shean cuando Jannet le había hecho la sugerencia.
Eso me puso inmediatamente celoso.
Si. Celoso a un punto de no retorno. Pero tenía que disimular.
¡Mierda!
- No es ningún problema ayudarte, pequeña Ammy. - le dijo Shean mientras tomaba sus cosas y las cargaba como si nada. - Siempre es un gusto ayudarte.
Vi como Jannet negaba ligeramente con la cabeza, divertida por la actitud de su amigo.
Una sonrisa geninua, de esas que si son para ti te paran el corazón pero que si no son te lo parten, asomaba dulcemente en los labios de mi Ammy.
Oh, no...
Quizás ellos son algo...
- Bueno, si no tienes inconvenientes, gracias. - respondió alegremente Ammy. - Tú por lo menos alcanzas el casillero.
Me sorprendió ver una mirada un tanto tierna en la cara de Jannet.
Generalmente las chicas como ella no tienen esos lapsus
- Suerte en tu prueba de matemática, pequeña. - le dijo geninuamente. - No quiero que te atormentes mas por unos números que no valen la pena.
- Gracias. Bueno... - ¡Al fin Ammy me miró! Al reconocerme sin embargo, su sonrisa disminuyo un poco, tornándose un tanto fría, pero volvió a la normalidad cuando se giró para seguir mirando a Jannet. - No los entretengo más. - su voz sonaba divertida.
Jannet se puso a reír sin inmutarse.
- Claro. Nos vemos mañana.
- Como no. - se río Ammy. Se volvió a mí y me miró fijamente. ¡Ay Dios! Si, si. Yo nombrando a Dios. Una Estupidez se podrá pensar pero el único que se me ocurría que hubiese podido crear algo tan lindo como ella. - Adiós chico nuevo.
Su despedida no tenía esa confianza que había tenido con Jan, sin embargo había sido amable. Y dulce. Aunque lo haya sido inconscientemente.
Asentí a forma de despedida y mantuve mi rostro lo mas normal posible.
No sonreí.
No hablé.
Fui descortés, lo sé. Pero es que si movía apenas unos milímetros mis labios las únicas palabras que hubiesen salido de mis labios habrían sido "te amo".
Algo vergonzoso, claro.
Y mi... "contención" de pa labras fue bastante fría al parecer porque Jannet me miró curiosa, Shean con una clara muestra de antipatía y Ammy...
Hubo una corta expresión de sorpresa antes de que sus mejillas se tiñeran de rosa por la vergüenza para luego salir rápidamente del pasillo, con Shean pisándole sus talones.
- ¿Te cae mal Ammy Calhaoun? - me preguntó Jannet sin andarse con rodeos.
¡Wow! La misma que antes estaba ligando conmigo sin cuidado ahora estaba defendiendo a... si, suena cursi, al amor de mi vida.
Irónico, ¿no?
La defendería si supiera que ella no tendrá jamás una oportunidad gracias a Ammy?
- No. Es solo que no la conozco. - hice mi mejor actuación de sorpresa y a continuación puse una sonrisa que siempre funcionaba. - Pero mi encanto, así como el tuyo me lo imagino, no es para todos.
Funcionó. Jannet se puso a reír tontamente.
- Aah... Eso es lindo.
- Oye... ¿Esa chica... Ammy, no? ¿De verdad va en nuestro curso? - tenía que encontrar la manera de sacar información sin que se notara. - Se ve como muy... pequeña para ir acá.
- Oh, claro. Lo que pasa es que Ammy es en realidad dos cursos mas pequeña que nosotros, - dijo con simpatía. - pero es algo así como súper inteligente porque tiene varias clases adelantadas o con nosotros o con el curso que viene antes. Y además se a eximido de otras materias. Es muy dulce. - sonrió.
¡Wow!
Me sentí orgulloso de que Ammy fuera tan inteligente.
Sin embargo volvió con mas fuerza aun en mi eso de sentirme... menos.
La hora de almuerzo pasó sin problemas. Me fui con Jan al comedor y me presentó a sus amigos.
Aun así preferí sentarme solo. No soporto estar sociabilizando mucho tiempo, y además eso me daba la oportunidad de observar a Ammy a mis anchas.
Estaba sentada unas cuantas mesas mas allá, pero gracias a mis agudos poderes nada me hubiese podido impedir mirarla.
Su pelo brillaba a la luz del sol que llegaba atrás ves de la ventana, creando una ilución de que su ella entera brillara.
La bondad y la maldad no se juntan. Nunca.
Suspiré pesadamente y seguí comiendo.
¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿Porque tenía que cagarle, porque lo haría, la vida a ella? ¿No podía ser alguien menos... bueno, teniendo en cuenta mi egoísmo?
Yo no sabía, de hecho, no tenía ni idea del cómo. Solo sabía que no la dejaría marchar.
No podía dejarla ir. Si lo hacía... era mi fin.
Agh... Maldito marica dependiente me regañé a mi mismo.
¡Mierda! No podía seguir así.
Me paré rápidamente de la mesa, por lo que la silla hiso un poco de ruido al arrastrarla.
Ammy se dió la vuelta y me miró fijamente un rato, poniéndome sumamente ansioso, hasta que se dio cuenta de que yo también la miraba por lo que se puso a mirar por la ventana con las mejillas en un rojo intenso.
¡Si no fuera tan jodidamente linda!
Sinceramente... creo que sería lo mismo. No era su físico lo que me interesaba netamente.
Era algo... que la hacía interesante. Algo que me llamaba desde el fondo de su alma, inconscientemente, y que yo no podía evitar encontrar igual de himnotizante como el canto de una sirena.
Y estaba completamente perdido si me había puesto cursi hasta para pensar.
Me fui directamente a la clase de lenguaje, en la cual no estaba con Ammy, y me aburrí completamente hasta que tocaron el timbre del recreo.
- Sr. Periotti? - me llamó un profesor que se acercaba rápidamente hacia mi por el pasillo.
- Si...?
- Hola. Soy el profesor Jones, de fotografía.
Aaah... Pero yo me había excluído de esa asignatura porque... ¡diablos! La modestia no va conmigo, y soy jodidamente bueno en eso.
- Que tal. - lo saludé.
- Disculpe que te moleste. - me dijo el maestro umildemente. - pero quería saber si estaría interesado en ayudarme a hacer la clase.
Eso me tomaba por sorpresa, la verdad.
- Yo...
- Lo que pasa es que a cada alumno del penúltimo año tiene a un alumno mas grande que lo ayuda, y tengo algunos alumnos que le falta compañero.
Mmmm... Eso me serviría para distraerme un poco, ¿No?
Sin embargo...
- Claro. - me sorprendí diciéndole al profesor con una sonrisa en mi rostro. - Me gustaría ayudarlo.
- Gracias. - me dijo feliz. - Estaremos cuando toquen el timbre en el patio trasero.
- Ok. Ahí lo veo.
- Adiós.
Vi como se marchaba el profesor así que fui al baño a echarme un poco de agua en el pelo ya que hacía mucho calor antes de que tocaran el timbre.
Al salir, vi como Ammy, ahora, intentaba meter algunos cuadernos en su casillero, sin lograrlo.
Y actué sin pensarlo.
Me paré detrás de ella, con lo que conseguí sentir mucho mejor su calor y su dulce olor que me embriagaba por completo, le quité sus cuadernos, por lo que tuve que rodearla un poco con mis brazos, algo que fue entre bendición y perdición a la ves ya que escuché claramente como Ammy contuvo el aliento, y los deje sin ningún problema en el casillero.
Entonces caí en la cuenta de que estaba muy, demaciado cerca de ella. Y ella no se había alejado, mas bien, parecía que estaba a punto de recargarse entre mis brazos.
Hazlo, le dije mentalmente ansioso.
Yo quería, mas bien necesitaba tocarla.
Como ella no notaba que yo había dejado de respirar por su cercanía?
A pesar de que había intentado fingir todo el día, para mi era tan obvio que yo lo único que quiero es que este en mis brazos. Para siempre.
Oh, vamos! Por favor, hazlo! Solo apóyate en mi, que yo lo único que quiero es cuidarte por toda la eternidad.
Pero al parecer no escucho mi suplica interna ya que se alejo todo lo que pudo en el corto espacio y se giró para mirarme.
Sus lindas facciones se cubrieron de sorpresa al ver que era yo.
Y entonces me dio una de sus hermosas sonrisas para-corazones. Una solo para mi.
- Gracias. - me dijo con las mejillas ya comenzando a teñirce de rosa.
Yo no me meresco a alguien como ella. No tiene sentido.
- No hay de que. - le respondí lo mas normal que pude. - ¿Por qué no pides que te cambien el casillero?
Bueno... había sonado un poco osco por los nervios, pero es que estoy tan acostumbrado a ser así...
- Lo intente. - me respondió. Había bajado la mirada cuando escucho la forma en la que le respodí. ¡Diablos! Ya la había cagado de lo lindo. - Pero no tiene mas casilleros.
- Aaaah... - ¿que no puedes ser mas imbécil? me pregunté irónico. ¡"Aaaah"! ¡Pff! Ahora Ammy pensaría que además soy estúpido. - Intenta no dejar las cosas tan al fondo. - balbuceé mientras me marchaba rápidamente hacia el patio trasero.
¡Cobarde!
Sin embargo los brazos me cosquilleaban al igual que el pecho por lo cerca que había estado de ella.
Mis manos habían tocado levemente las suyas al tomar los cuadernos.
Me sentía nervioso.
En el transcurso de... esto habían tocado el timbre, así que cuando llegué al patio trasero ya estaban todos en la clase.
- Damian. - me dijo alegremente el Sr. Jones - la chica a la que ayudaras está por llegar. Lo que pasa es que es muy pequeña y siempre se atrasa por que se demora en sacar las cosas.
No...
No podía estar hablando de...
- Hola Sr. Jones.
Esa dulce vos, a pesar de las pocas veces que la había escuchado, la reconocería en cualquier lugar.
- ¡Ammy! - la saludó el Sr. Jones cariñosamente. - Quiero presentarte a alguien.
Me di la vuelta y vi que Ammy me miraba sorprendida al notar que yo también estaba ahí.
- ¿A quien, Sr.? - le preguntó ella. Aunque creo que ya había entendido todo.
- Ammy, él es Damian. - dijo señalándome. - él será tu nuevo tutor en la clase de fotografía por el resto del año.
Me tuve que mantener serio a pesar de que quería hasta bailar de alegría.
Había ganado unas dulces horas cerca de mi Ammy. Por ahora eso me bastaba para ser... feliz.

lunes, 17 de mayo de 2010

Sentimientos.

Hace tiempo que me había resignado a vivir así.
La culpa me atormentaba cada día, algo raro siendo un demonio.
Pero hoy emanaba de cada poro de mi piel mas que nunca.
Culpa.
Por toda la gente que he matado a lo largo de mi eterna existencia, vergüenza por ser hijo de unos de los demonios mas crueles e importantes que pueden existir...
Y no sabía por qué.
Es decir, hace bastante tiempo que yo no estaba al servicio de la oscuridad, por así llamarle, pero hoy sentía una necesidad apremiante por haber sido bueno, por haber sido mejor.
Eso era precisamente lo que no me podía explicar.
Demaciados años habían pasado desde que había entendido que yo soy lo que soy y eso no puedo cambiarlo por nada del mundo.
Lo único que puedo hacer es cambiar mis acciones para sentirme bien conmigo mismo.
Por eso técnicamente ya no era un demonio activo por así decirlo, pero por mucho que lo intentará la vena malvada siempre estaría en mi. Es algo que no se puede evitar.
Y hoy sentía que hasta eso debía remediarlo, de algún modo. Y la sensación no me gustaba absolutamente en nada.
Está bien, yo había decidido por cuenta propia no cooperar para hacer mas mal en este mundo, pero me gusta la oscuridad.
Me gusta la soledad, y debes en vez reírme de uno que otro problemilla que tienen los inútiles humanos cuando... cuando se lo merecen.
Y además soy irónico, cruel, serio, hipócrita, frío y totalmente bueno para hacer sentir mal
Y soy feliz con eso. Si es que sintiera felicidad claro.
A lo más, puedo sentir placer. Sería lo único "bonito" que se sentir.
Lo demás simplemente... Los demonios no podemos sentirlo. Al menos que ocurra algo increíble para que podamos.
Pero hoy estaba... ansioso. Algo extraño para una persona como yo que no se deja inmutar por nada.
Suspiré teatralmente y caminé a lo que sería mi nuevo "colegio".
Últimamente había estado disfrutando demaciado con hacer justicia a mi modo. Tenía un placer especial por hacer sentir extremadamente mal a los humanos que lo son a conciencia, y en este ultimo tiempo no había sido muy objetivo que digamos.
Así que aquí estaba, autoimponiendome un castigo.
Y que peor castigo que asistir diariamente a un lugar en el que practicamente igualan los métodos de tortura del mismo infierno solo que los humanos concientemente no lo descubren aun.
Ja! Si supieran que la mayoría de los inspectores o directores que trabajan en los "centros de educción" son demonios de muy bajo nivel, extremadamente aburridos, que incordian la mente de los tontos jóvenes humanos con la escusa de "hacer su trabajo" pero que en realidad es su forma de reírse de ellos.
Incluso antes de que llegara al colegio, y gracias a mi agudo sentido del olfato, tan desarrollado como los otros sentidos, pude oler el suave olor a pastel de manzana que salía de algún lugar del colegio, probablemente de la cocina.
Y eso me puso... ansioso, otra vez.
Estúpidamente, y como nunca, me detuve sin saber el por qué ante un gran ventanal oscuro que me reflejaba para poder mirar como estaba.
¿Que diablos me ocurría hoy?
Pero seguí mirándome. Algo me decía que si hoy no me veía... bien, lo lamentaría por el resto de mi vida.
Y mi vida nunca terminara.
Contemplé aburrido mi pelo negro azabache, mi piel bronseada por naturaleza y mis ojos color azul marino. Mis rasgos, a pesar de aparentar 17 años, eran toscos, demaciado rudos comparados con la cara de bebes de los chicos humanos, y mi 1,80 junto a mis músculos destacaban bastante en comparación con los flacuchos con los cuales tendría que pasar desapersivido.
A pesar de la apariencia de mi edad, había corrompido en muchos matrimonios, había alejado a unas cuantas mujeres religiosas de su vocación, desatado peleas entre amigas para al final no quedarme con ninguna y disfrutado en muchos lechos a través de los años.
Pero hoy eso no me gustaba. Sentía que eso me hacía todavía menos digno...
Pero digno de que mierda?
Esta sensación me estaba molestando cada vez más.
"Eres un maldito marica" me recriminé mentalmente al ver que seguía parado al frente de mi reflejo y continué rápidamente hasta que entre al colegio.
Hablé brevemente con la directora, una humana con una vena de crueldad marcada en cada parte de su ser, que no me dijo nada por incorporarme el primer día de clases recién a las 12 del día.
La suerte de ser un demonio, tener poderes y ninguna inhivición para ocuparlos.
Iba pasando por un pasillo largo que me llevaría directo hacia mi próxima clase, Arte como alumno de último año, cuando de repente el mundo se paró y mi maldito corazón comenzó a latir a mi por hora sin que pudiese hacer nada por acompazarlo.
Unos cuantos metros mas allá había un chica bastante bajita, como de 1,50, de puntillas para sacar sus materiales de su casillero.
Y era hermosa, verdaderamente hermosa.
No como esas niñitas esqueléticas que muestran en las pasarelas.
Su belleza era tan natural, y ella era tan fuera de lo común... Tenía el cabello castaño rojizo, al cual mis visión ultra desarrollada le pudo distinguir mas de siete matices distintos. Su pequeña nariz era ligeramente respingona, haciéndola parecer adorable, sus labios eran mas gruesos de lo normal, de esos labios-pucheros que dan ganas de besar inmediatamente. su estructura osea era pequeña, sin embargo estaba bastante desarrollada para su estatura y sus caderas eran mas anchas de lo común, lo que le daban un aire sexy.
Y estaban sus ojos. Sus venditos, grandes, y hermosos ojos con un color-mezcla entre gris, café y violeta que estaban concentrados en este momento buscando quien sabe que.
Supe claramente el por qué de todas esas estupideces que había sentido hoy día y, de repente, entendí con claridad que era una leve anticipación de como me sentía ahora.
Sucio. Poca cosa. Ruin. Entre muchas otras cosas.
Y también me sentía mal, porque en menos de tres segundos había comenzado a sentir ternura con tan solo mirar sus ojos, emoción, por el simple hecho de que ella existiera, sorpresa, ganas de protegerla de lo que fuera, deseo por hacerla feliz de todas las maneras en las que un hombre puede hacer feliz a una mujer, cariño, simpatía, curiosidad...
Pero sabía que lo mas peligroso al rededor suyo era yo. Estaba completamente consiente de que nunca podría hacerla feliz porque...
Soy un demonio. Simple.
Al parecer acababa de sufrir amor a primera vista, a sabiendas de que los demonios no sentían amor.
Y sentía un inmenso dolor porque yo había hecho tantas cosas malas... Siempre he sido un ser egoísta, y en estos momentos lo único que quería hacer era raptarla, que nadie mas la viera porque ella es mía. Quería que ella me viera y sintiera exactamente lo mismo que yo, que me amara y adorara por sobre todas las cosas. Pero... ¿quien puede amar a un demonio? ¿A un ser que fue creado para hacer mal en el mundo y en el cual es su naturaleza ser así?
Mi corazón antes galopante se rompió cruelmente sin ningún aviso.
Como si la pena de todas esas mujeres a las que había dejado a propósito para que se sintieran mal callera toda junta sobre mi de un sopetón.
Y todo eso en ese breve tiempo.
Vi como la chica comenzaba a girarse hacia mi por completo así que puse mi mejor cara de arrogante-mejor-que-tú y comencé a avanzar otra vez aunque casi me morí ahí mismo cuando sus ojos al fin se encontraron con los míos.
Al instante su expresión fue una mescla entre curiosidad sana y vergüenza por pillarla mirándome pero, al ver mi expresión burlona y antipática sus mejillas se cubrieron de un leve rubor y sus ojos exprezaron claramente sorpresa y...
¿tristeza?
Mierda! Ya la estoy cagando de lo mejor.
Pero era mi manera de defenderme de todo esto. Jamás había sentido tantas emociones juntas y de esa magnitud, y me sentía (que absurdo suena en mi) vulnerable y expuesto, como nunca antes.
Yo quería que ella me amase antes de saber mis sentimientos. Si ella no me quisiera eso me mataría.
Sin embargo... ¿Tenía yo el derecho de que ella sintiera algo por mi?
Me sentía tan poca cosa y eso no me gustaba. Y además, quizá n isiquera sea de su gusto.
Agh...
Apuré el paso y entre rápidamente a la sala en la que me tocaba clases y ahí me paré en seco.
Una profesora freak al punto máximo, así como la profesora de adivinasión de Harry Potter, era la que hacía la clase y mientras me saludaba me giré sorprendido al escuchar el ruido de la puerta.
Era ella. Me había seguido, pensé estúpidamente emocionado.
- Ammy, llegas tarde otra vez. - la reprendió la profesora con amabilidad.
¡¿Qué?! Ella se veía tan joven... no podía ir en el mismo curso que yo...
- Lo siento, Srta. Camil, pero los materiales se me habían quedado demaciado al fondo y... bueno, no los alcanzaba. - sus mejillas se habían teñido un poco al dar la explicación y lo hicieron mas aun cuando ella notó que yo estaba ahí.
Y yo estaba perdido por lo musical que sonaba su dulce voz. Diablos! Ella era preciosa, todo en ella lo era.
Su olor era himnotizante, me recordaba a un chicle al que fui adicto durante cuatro décadas y que todavía me traía buenos recuerdos. Quizá los únicos buenos que tenía.
Y yo soy un maldito imbécil que no vale la pena...
Ammy, su nombre me hacía pensar en inocencia y en tardes bajo el sol, fue a sentarse rápidamente en el penúltimo lugar que había en la fila de la ventana.
- Muy bien, - comenzó a decir la profesora. - usted debe ser el Sr. ...
- Damian Pierotti. - le respondí. Mi voz sonaba ligeramente mas ronca de lo normal.
- Ok. ¿Y qué puedes decirnos de ti, Damian?
Miré de reojo a Ammy, que miraba un poco enojada a una chica que estaba unos bancos mas allá mirándome con cara de hambre.
Mmmm...
Ammy negó levemente con la cabeza, río bajito, y miró por la ventana mientras se hundía en su asiento.
Eso me irritó un poco. Yo quería su atención completa.
- Pues... He viajado bastante. - A todas las chicas les gusta preguntarme de los otros lugares. Esperaba que la hermosa Ammy no fuera la excepción. - Tengo una moto, toco piano, hago fotografía y... eso. - Les dirigí una mirada sexy a las chicas del aula, que comenzaron o a hiper ventilar o reirse tontamente.
Lo mismo de siempre.
Sin embargo Ammy no. A penas me había prestado atención, por lo que cuando me miró al fin estaba enojado y la miré despectiva y fríamente. Miró rápidamente hacia otro lado, avergonzada.
¿De verdad creía que ella iba a reaccionar como las otras chicas? Cuando era tan obvio que ellas es totalmente distinta a las tontas humanas de siempre.
La profesora me mandó a sentar justo al último banco de la fila de la ventana, o sea, detrás de Ammy.
Sin comprender muy bien del todo y, sorprendido, sentí una oleada de simpatía por la profesora.
Podría estar cerca de Ammy, pensé alegre.
Pero la clase comenzó, el tiempo transcurrió y todos los alumnos del aula volvieron a mirarme repetidas veces. Menos Ammy.
Y yo lo único que quería era que ella se diera cuenta de que existo, que milagrosa e increiblemente se enamore rápidamente de mi y que... no me deje. Nunca.
Pero las cosas nunca han sido fáciles y, a pesar de que lo quiera con todo mi ser, no me lo meresco.
Y esto me estaba doliendo.

Musicaa (: